“Necesitamos arte para recargar nuestra alma”
De interés general

“Necesitamos arte para recargar nuestra alma”

 

 

25/09/2014 Fuente elpais. La virtuosa violinista alemana Anne Sophie Mutter inaugura este jueves el ciclo Palau 100

 

Entrevistar telefónicamente a Anne Sophie Mutter, una de las divas del violín, puede llevar a engaño. Una voz cantarina, alegre y muy musical —como no— que no deja entrever la madurez —51 años— de una de las grandes intérpretes del panorama actual. Mutter protagoniza hoy el concierto inaugural del Palau de la Música —con todas las entradas agotadas— con el Concierto para violín y orquesta núm. 1 de Max Bruch. “Sin duda uno de los mejores conciertos románticos de violín que es muy popular porque es preciosa. Y que he dejado de tocar durante un tiempo porque me he dedicado más a la música contemporánea”, explica.

 

Un concierto que, a priori, ha sido especial en la carrera de la violinista alemana ya que lo grabó en 1981 —con solo 18 años— con la Filarmónica de Berlín y de la mano de uno de sus maestros: Herbert von Karajan. Nada que ver aquella jovencita con jersey rojo de la carátula del disco que toca bajo la atenta mirada de Karajan con la sofisticación posterior de la violinista que ha subido a muchos escenarios luciendo porte. Ella intenta restar importancia al hecho de que fuera una de las primeras mujeres en escalar a ese grado de virtuosismo con el violín y ser solista en medio de un mar masculino. Frente los sempiternos fracs o trajes negros de ellos, Mutter irrumpía con ceñidos vestidos —rojos, negros, verdes— con escotes palabra de honor. “Crecí en un momento en que la apariencia física de un músico no era importante y, francamente, creo que ahora ya está todo superado”, afirma.

 

En Barcelona, Mutter tocará probablemente su obra más conocida con la Orquesta Nacional de España (ONE) de la mano del director Miguel Harth-Bedoya. Y ese mismo concierto llevará al Auditorio de Madrid mañana y pasado y abrirá la temporada del Carnegie Hall de Nueva York con la Filarmónica de Berlín el 1 de octubre. Dice que tocar en el Palau es especial “por la espectacularidad de la sala” que no visitaba desde julio de 2003. Explica que repite el repertorio porque ahora le apetece: “Me gusta mucho la música romántica pero también la contemporánea porque es un reto para los espectadores, también para uno mismo y es la inspiración de la música el futuro”.

 

Como violinista, le hubiera encantado que Mozart le hubiese dedicado alguna de sus composiciones. Eso lo ha dicho en más de una ocasión: “lamentablemente eso no podrá ser pero no me puedo quejar porque he tenido el honor de que compositores contemporáneos hayan creado alguna obra pensada para mí”. Uno de ellos es André Previn —su ex marido— y también un compositor polaco, Krzysztof Penderecki.

 

A la pregunta de cómo ve el panorama actual de la música sinfónica, la violinista contesta sin rodeos: “está en una posición muy difícil porque informativamente no existe en los medios de comunicación donde estamos subestimados frente a la política, la economía y muchas cosas más. Si a eso se añade que la música clásica es prácticamente inexistente en las programaciones de televisiones y radios hace que las nuevas generaciones no tengan ni idea. Y peor todavía cuando en las escuelas se está arrinconando la educación musical cuando son pequeños y es importante que crezcan con ella”. “Al fin y al cabo”, zanja, “no todo en la vida es trabajar y sobrevivir financieramente. Si nos paramos a pensar, la música es clave en momentos importantes. En los malos o en las grandes crisis, porque después de la guerra mundial las salas se llenaron; y en los buenos”.

 

Mutter entiende que la coyuntura actual de crisis económica no ayuda y que la gente está concentrada en problemas más materialistas pero “al final del día”, dice, “no somos solo consumidores que gastan y necesitamos el arte para recargar nuestra alma”. Para la violinista, un concierto debe ser una fantástica experiencia “que te haga olvidar los problemas y vivir dos horas sin preocupaciones”.

 

Un arte, el de la música, que no es barato y que está poblando las plateas de las salas de conciertos y auditorios de un público que supera la cincuentena porque es el que tiene más poder adquisitivo. Mutter afirma que tanto las salas como los gobiernos tienen que ayudar más: “Hace falta tener diferentes tipos de entradas, sobre todo para jóvenes y estudiantes. En Pittsburgh los estudiantes pagan 15 dólares y eso está muy bien. Pienso que la música es abordable y que los gobiernos deben desarrollar políticas culturales que la promocionen, aunque solo sea porque los músicos somos unos buenos embajadores”.

 

Ella ha decidido poner un grado de arena en la divulgación y entre sus próximos proyectos está el de hacer un disco precisamente para los jóvenes que no suelen escuchar música clásica. Mutter interpretará temas de George Gershwin y otros autores con unos ritmos que pueden ser introductorios a la clásica.