Justine o los infortunios de la virtud
de Donatien Alphonse François de Sade

Justine o los infortunios de la virtud

 

 

Fuente Wikipedia. Justine o los infortunios de la virtud (Justine ou les Malheurs de la vertu) es una novela de Donatien Alphonse François de Sade, más conocido en la historia de la literatura como marqués de Sade. La primera versión de la novela fue escrita en 1787. En 1791 y 1797 se editaron dos versiones diferentes de la novela. Es una de las obras más importantes e influyentes de su autor, junto con Los 120 días de Sodoma y La filosofía en el tocador.

 

Publicación

 

Sus títulos originales fueron, sucesivamente, Les infortunes de la vertu, Justine ou les Malheurs de la vertu, La nouvelle Justine ou les Malheurs de la vertu. La obra fue escrita por el marqués de Sade durante una de sus prolongadas estancias en prisión, en la Bastilla. La primera versión, titulada simplemente Los infortunios de la virtud, se redactó en sólo quince días, y su autor la dio por terminada el 8 de julio de 1787, permaneciendo inédita hasta que Apollinaire rescatara su manuscrito de "el infierno" de la Biblioteca Nacional de Francia a principios del siglo XX. Esta versión inicial es sensiblemente inferior en extensión a las definitivas, aunque en ella ya están presentes el argumento, situaciones y desarrollo. Tras su salida de prisión en 1790 (gracias a un decreto de la Asamblea Nacional Constituyente), Sade da a la imprenta en junio de 1791 una segunda versión más explícita en la que se amplían considerablemente las peripecias narradas.

En 1797 se publica una tercera versión de la obra, también atribuida a Sade, con el título de La Nueva Justina o los infortunios de la virtud, seguida de la Historia de Julieta, su hermana, también ampliada con respecto a la edición anterior. La publicación de Justine supuso un enorme escándalo y suscitó las más virulentas críticas. Sade fue calificado de "autor infame de novelas detestables". A pesar de que se publicó clandestinamente y Sade siempre negara su autoría, fue Justine la principal causa para que se le encerrara de por vida en diferentes instituciones sanitarias acusado de "demencia libertina".

Ya en vida la obra de Sade tuvo una gran difusión, se imprimieron seis ediciones en diez años, y Justine se convirtió en una obra maldita que circuló clandestinamente durante todo el siglo XIX. Se reconoce su influencia en las novelas de Flaubert, Dostoievski y en la poesía de Baudelaire; aunque la lista de escritores del siglo XIX en los que se ha querido ver la influencia de Sade, y más concretamente de su novela Justine, es extensa. A principios del siglo XX Apollinaire publica L'œuvre du Marquis de Sade y los surrealistas rescatan la memoria de Sade; desde entonces, numerosos autores se han interesado por su obra; pero deberá esperarse hasta mediados de siglo XX para que se normalice su publicación.

 

Argumento

 

Justine es una adolescente que recurre a todos los estamentos sociales para preservar su virtud, y en todos los casos, en lugar de recibir ayuda, lo que encuentra es incitaciones al vicio. Justine simboliza la virtud que con una escasa inteligencia debe enfrentarse a las añagazas del vicio y, contrariamente a lo que cabría esperar, en lugar de ser recompensada por mantener su virtud, lo que recibe es toda clase de agravios.

Por el contrario, los libertinos que abusan de ella se ven recompensados. Sade vierte en esta obra su misantropía, describe cómo en la sociedad en la que le tocó vivir practicar la virtud siempre resulta oneroso, mientras que quien practica el vicio encuentra a una sociedad cómplice y corrompida, lo que le permite adquirir ventaja.

«¿Bajo qué fatal estrella tengo que haber nacido, me dije, para que me resulte imposible concebir un solo sentimiento de virtud que no sea inmediatamente seguido por un diluvio de males, y cómo es posible que esta ilustre providencia, cuya justicia me gozo en adorar, al castigarme por mis virtudes, me haya ofrecido al mismo tiempo la visión de quienes me aplastaban con sus vicios en la cúspide?»

 

Análisis

Justine ou Les malheurs de la vertu, grabado del Volumen II. Edición de 1797.

Como en la mayoría de las obras de Sade, pueden observarse dos niveles de contenido. Por un lado, una serie de escenas de violencia sexual; por otro, las justificaciones de las violencias que aquellos personajes ejercen. Ciertos autores han querido ver en las argumentaciones de estos personajes el pensamiento del propio Sade, un sistema filosófico y político de corte materialista, aunque esta no fuera la tendencia predominante en la Ilustración francesa. Ligeramente opuesto a las ideas de Jean-Jacques Rousseau a quien, sin embargo, admiraba. No obstante, esta obra no puede considerarse atea como sus perseguidores afirmaban. Esto se ve tanto en el prólogo como en la conclusión:

 

EXPLICACIÓN DE LA ESTAMPA

 

La Virtud, entre la Lujuria y la Irreligión. A su izquierda está la Lujuria, bajo la figura de un joven cuya pierna rodea una serpiente, símbolo del autor de nuestros males; aparta con una mano el velo del Pudor, que protegía a la Virtud de las miradas de los profanos, y con la otra, así como con su pie derecho, dirige la caída en la que quiere hacerla sucumbir. A la derecha está la Irreligión que retiene con fuerza uno de los brazos de la Virtud, mientras que con mano pérfida saca una serpiente de su seno para envenenarla. El abismo del Crimen se entreabre bajo sus pasos. La Virtud, siempre dueña de su conciencia, alza la mirada al Eterno, y parece decir:

¡Quién sabe, cuando el Cielo nos hiere con sus golpes, si la mayor desgracia no es un bien para nosotros!

¡Ojalá os convenzáis con ella de que la auténtica felicidad sólo está en el seno de la virtud, y que si, con unas intenciones que no nos corresponde a nosotros profundizar, Dios permite que sea perseguida en la Tierra, es para compensarla en el cielo con las más halagüeñas recompensas!

En su época Sade sufrió las críticas por los "sistemas filosóficos" que exponían sus personajes libertinos. En contestación a esas críticas escribe:

«Cada actor de una obra dramática debe hablar el lenguaje establecido por el carácter que representa; que entonces es el personaje quien habla y no el autor, y que es lo más normal del mundo, en ese caso; que ese personaje, absolutamente inspirado por su papel, diga cosas completamente contrarias a lo que dice el autor cuando es el mismo quien habla. Ciertamente, ¡qué hombre hubiera sido Crébillon si siempre hubiera hablado como Atrée!; ¡qué hombre hubiera sido Racine si hubiera pensado como Nerón!; ¡qué monstruo hubiera sido Richardson si no hubiera tenido otros principios que los de Lovelace!»

 

A Villeterqué foliculario

Es en esta obra de Sade donde más claramente puede apreciarse la influencia de Voltaire y sus cuentos filosóficos (concretamente nos recuerda a Cándido). Como suele suceder en las obras del marqués, las peripecias narradas parecen ser una excusa para posibilitar la exposición de diferentes sistemas filosóficos.

En Justine, Sade se vale de la protagonista para simbolizar la virtud y manifestar su pesimista tesis según la cual, la virtud es sistemáticamente aplastada por el vicio; mientras que el vicio, libre de valores y principios, cobra ventaja y prospera. Partiendo de esa tesis Sade, en la introducción, se preocupa por aquellos que carentes de una formación moral sólida puedan llegar a la conclusión de que es mejor, más ventajoso, practicar el vicio y no la virtud.

 

Justine ou Les malheurs de la vertu, grabado del Volumen II. Edición 1797.

 

«¿No dirán que la virtud, por hermosa que sea, se vuelve sin embargo el peor partido que pueda tomarse, si resulta demasiado débil para luchar contra el vacío, y que, en un siglo totalmente corrompido, lo más seguro es actuar como los demás? Algo más instruidos, si se quiere, y abusando de las luces que han adquirido, ¿no dirán con el ángel Jesrad, de Zadig, que no hay mal que por bien no venga, y que pueden, a partir de ahí, entregarse al mal, ya que de hecho sólo es una de las maneras de producir el bien? ¿No añadirán que es indiferente al plan general que tal o cual sea preferentemente bueno o malo; que si el infortunio persigue a la virtud y la prosperidad acompaña al crimen, siendo ambas cosas iguales para los proyectos de la naturaleza, es infinitamente mejor tomar partido entre los malvados, que prosperan, que entre los virtuosos, que fracasan? Así pues, es importante prevenir esos peligrosos sofismas de una falsa filosofía.»

 

Volumen II. Edición 1797.

 

Sade se vale en la obra de la fórmula del narrador omnisciente, que comenta el desarrollo de la trama, extrae conclusiones y exhorta al lector utilizando la segunda persona del plural. Justina trata de la vida desgraciada de Justine, una jovencita a la que la naturaleza ha dotado de un irresistible impulso hacia la virtud, pero al quedar huérfana, se enfrenta a un mundo lleno de libertinos. Ella y su hermana Juliette se ven obligadas a buscarse la vida como pueden, pero mientras que Juliette, inclinada naturalmente al vicio, decide prostituirse, lo que la lleva a alcanzar el éxito y la respetabilidad, la buena de Justine se empeña, contra viento y marea, en querer llevar una vida virtuosa.

Casi veinte años después de su separación, las dos hermanas se encuentran, sin reconocerse. Juliette es la esposa de un importante personaje, y Justine se encuentra en un absoluto desvalimiento. La segunda refiere a la primera sus desventuras en primera persona: cómo, por su inclinación a la virtud, fue una y otra vez vejada, sin encontrar nunca la paz. El relato de Justine ocupa la mayor parte del libro. Al terminar, Justine es reconocida por Juliette, quien decide ayudarla, pero, poco después, Justine es alcanzada por un rayo, sin posibilidad de gozar de la vida tranquila que su hermana está resuelta a proporcionarle.

Sade concede al lector un final convencional. La muerte de Justine no debe resultar estéril. En la introducción adelanta el plan de la obra:

«Es esencial demostrar que los ejemplos de virtud infortunada presentados a un alma corrompida, en la que permanecen sin embargo unos cuantos buenos principios, pueden devolver esta alma al bien con tanta seguridad como si se le hubiera mostrado en el camino de la virtud los éxitos más brillantes y las más halagüeñas recompensas.»

De acuerdo con ese plan, Juliette, conmovida por los infortunios de su hermana, comprende la grandeza de la virtud y, regenerándose, se compromete a llevar una vida piadosa. El narrador concluye en el último párrafo de la novela que, de alguna manera, la virtud de Justine ha de hallar su recompensa en el más allá.

 

Justine ou Les malheurs de la vertu, grabado del Volumen II. Edición de 1797.

 

La propia trama y las ideas expuestas en la novela son extremadamente radicales para su época, con fuertes críticas a la organización social y a la religión. La virulencia de sus críticas contra el régimen establecido y las posibles referencias a influyentes personajes de la época, valieron a Sade la reclusión de por vida en el manicomio de Charenton.

En 1967 se rodó en Italia la escenificación cinematográfica de la película, Justine ovvero le disaveventure della virtú, que en España tuvo en un inicio el curioso título de Pasión Mortal. Estuvo dirigida por Jesús Franco, con Klaus Kinski y Romina Power como figuras principales. Posteriormente, ha habido otras conversiones al cine de la obra.

 

 

Fuente Tusquetseditores. Nada lo prueba, pero expertos en Sade como Maurice Heine en 1930 y Jean-Jacques Pauvert en 1986 aseguran que es verosímil, aunque no seguro, que terminara de escribir el primer borrador de Justine o Los infortunios de la virtud hacia finales de 1788. Entre esta versión y la que se imprimió en 1791 (esto sí, en cambio, se sabe con seguridad gracias a una carta del propio Sade a su mujer) hay diferencias notables, entre otras la de extensión. Es probable que Sade perdiera de vista los manuscritos que fueron encontrados en su celda después del 4 de julio de 1789, cuando fue liberado de la bastilla al triunfar la Revolución. Esto induce a pensar que él había entregado ya clandestinamente a su mujer el manuscrito de Justine durante una de sus visitas, como todos los demás manuscritos escritos en prisión, que, gracias a este sistema, han llegado hasta nosotros. Ahora bien, en mayo de 1790, Madame de Sade decide separarse legalmente de su marido reteniendo todos sus papeles. Tan sólo a finales de ese año llegan a un acuerdo de divorcio mediante el cual se presume que Sade recupera, entre otras cosas, sus manuscritos. De modo que es lícito deducir que Sade habrá redactado la versión definitiva de 1791, o bien entre enero y junio de 1789, o bien entre la primavera de 1790 y la de 1791.

 

Dejemos al propio Divino Marqués comentarle su libro a su mujer Constance : «[El objetivo de esta novela es el de] presentar por todas partes al Vicio triunfante y a la Virtud como víctima de sus sacrificios ; a una desgraciada vagando de desventura en desventura cual juguete en manos de la maldad, entregada a todos los desenfrenos, al albur de los gustos más bárbaros y más monstruosos, aturdida por los sofismas más atrevidos y más perversos, presa de las seducciones más hábiles, de las sumisiones más irresistibles ; (…) atreverse en resumen a las descripciones más osadas, a las situaciones más extraordinarias, a los pensamientos más espantosos, (…) con el único fin de obtener de todo ello una de las más sublimes lecciones de moral que el hombre haya recibido jamás : era, habrá de convenir, alcanzar el objetivo por un camino hasta ahora jamás hollado por él».

 

Y, por curiosidad, cedamos también la palabra a un crítico anónimo de 1792 : «(…) Aunque la imaginación que ha producido una obra tan monstruosa es la de un desiquilibrado, hay que reconocer sin embargo que también es, en su género, rica y brillante. (…) Jóvenes, vosotros cuya delicadeza no ha sido todavía mancillada por el libertinaje, huid de este libro peligroso para el corazón y para los sentimientos. Ustedes, hombre maduros, a quienes la experiencia y la serenidad ante las pasiones ha situado por encima de todo peligro, léanlo para que vean hasta dónde puede llegar el delirio de la imaginación humana». De no ser porque, poco después, aconsejaba tirar el libro a las llamas, este crítico no andaba tan desacertado…